«El amor mueve el sol y las estrellas», así acaba una de las obras emblemáticas de la historia de la literatura … «La divina comedia», me atrevo a completar al genio italiano si me lo permitís «El amor mueve el sol y las estrellas … y también cambia el TIEMPO», bendita mariposa, amigo Salvador.

Queridos compañeros del Ministerio del Tiempo, cuando escribo este artículo dos fechas se cruzan entre mis dedos : 20 de febrero del año 2015 y el 23 de junio del año 2020. Cinco años y muchos días en los que esta «caja de música» ha acompañado a este Ministerio del Tiempo sintiéndose una más de un sueño que ya nos ha cambiado convertido en serie. Aún recuerdo la sensación de aquella proyección cuando en los Premios Mim se presentaba por primera vez el Ministerio. Escribí en aquel momento que esta es una serie que nos ha dejado sin aire, que nos ha arañado, que ha sabido poner en cada punto dramático la mejor de las sonrisas y que nos ha regalado en cada capítulo, en cada viaje el mejor recorrido como ya lo hizo Dante hace ya muchos siglos.

La primera entrevista que tuvimos el honor de realizar fue a Julián Martínez (Rodolfo Sancho) y ayer fue la última que realizamos de este fin de ciclo. Con él empezó todo y con él, o gracias a él, terminada todo … de momento. Si algo hay que tener claro, es que si el Ministerio vuelve, ya no será el mismo, como nuestra vida ahora mismo tampoco lo es. Podrá gustar más o menos el final de esta cuarta temporada, o de ciclo, pero es el que es, y es prácticamente como yo lo hubiera dibujado ( salvo el pequeño detalle claro está de Bertín Osborne, claro está – no se si yo tampoco querría saber más de ese futuro como diría el propio Julián en esa misma escena).

Creo que la intra historia de esta cuarta temporada, de este ciclo justo y brillante que se cierra, ese viaje que alternativamente tienen todos los protagonistas en busca de su libertad, de «su tiempo» y de su vida, con un detonante común … la aparición de Eulogio Romero, ese momento en el que todo cambia. Esta cuarta temporada es una ruptura de límites constante, donde el corazón de los protagonistas supera a la frontera de la razón de este Ministerio. «Hasta donde hemos llegado con este Ministerio» gritaba Pacino y si … hasta la última frontera.

Julián Martinez ha ido fraguando en su vuelta su gran anhelo y creo que ese «ultimo anillo» lo recorre en su encuentro, reencuentro con Amelia (Aura Garrido) donde su futuro tan sólo quedará en su memoria, en lo que pudo ser y no fue. Maite es el amor de Julián, pero Amelia es y será siempre su gran pasión. Todos los protagonistas estaban unidos por un nexo común, la búsqueda de su razón, todos en menor o mayo medida buscan cambiar su pasado y Julián es el empuje definitivo perfecto.

Si me permitís, desde mi más humilde opinión, desde mis ojos de espectador hay tres momentos indispensables, a parte de la mágica despedida final, que son claves en la historia ya del Ministerio del Tiempo. El primero y más importante, a parte de los fuegos de artificio que rodean a esa escena, es la última conversación de Julián Mendieta. Partimos de la premisa de que Julián no se fiaba de ella antes de su desaparición pero que ella desde el futuro decide abrirle los ojos. Después de salvar a Maite, en ese ascenso vertiginoso desde los infiernos a la vida, ve la realidad del futuro en los ojos y en las palabras de su nieta que encarna su rebeldía y el propio futuro. Es increíble como se refleja en él la recuperación de la ESPERANZA, eso por lo que tanto tiempo estaba luchando. Cómo toma conciencia de que él, antes de ese futuro muere -nunca conocí a mi abuelo- y cómo le expresa el orgullo que el siente por ella. Nunca se describió tanto con esos silencios y esa capacidad de trascender que tiene el propio Ministerio.

Por otro lado la conversación entre Pacino y Julián desgarra el alma. Era NECESARIO que ellos mismos se descubrieran a corazón abierto, que se sintieran frágiles el uno con el otro, que en el fondo los ojos de uno encontraran en los del otro ese nexo común dentro de su propia fragilidad y su nostalgia. Lo que les separaba indirectamente en el pasado, Amelia, los une en el futuro su fragilidad.

Portentoso Salvador Martí, Jaime Blanch en su última frontera. También hemos reflexionado sobre ello con Rodolfo Sancho. Jualián y Salvador en la distancia de los años han llevado vidas y sensaciones paralelas, emociones encontradas y dudas en las cuales nos vemos todos identificados… pero al final fíjense en el contraste, Julián salvaba vidas y Salvador cruza la última frontera a asumir la acción de acabar con la vida del bebé antepasado de Salcedo, solamente esa decisión ya pesará en los hombros de Salvador para siempre.

Y la voz universal de Salvador Martí, que quizás es la voz de todos nosotros, ejercicio de despedida necesario, justo y conclusivo … por el momento, que deja todo en su sitio. Como ese «Eso es Federico, eso es» que salió desde el más profundo silencio de todos nosotros. Todos en encuentran en este final la pieza del puzzle que un día les negó el Ministerio … «La historia es la que es, quizás pero como decíamos al principio … «El amor mueve el sol y las estrellas … y también el tiempo».

Desconozco si el Ministerio volverá o no, pero si vuelve necesariamente ya no volverá a ser el mismo. Querido equipo del Ministerio del Tiempo, GRACIAS con mayúsculas por lo que hicisteis, hacéis y haréis … honor y reputación siempre  y para siempre compañeros.

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