Hemos hablado con la directora Amélie Bonnin, cuyo filme, Elegir mi vida, se estrena hoy, 20 de marzo, en los cines, tras abrir el Festival de Cannes. La entrevista nos permite adentrarnos un poco más en el mundo de los personajes, sus miedos, la importancia de la música en la historia y también lo importante en que el pasado, presente y futuro convivan sin problemas.
El cortometraje en el que se basa esta película recibió el premio César y ahora la película ha abierto el Festival de Cannes… ¿Cómo estás viviendo todo esto? Y, por otro lado, una cosa es “jugar en casa”, pero cuando sales fuera, y ahora que la película llega a España, ¿cómo lo estás viviendo?
A.B: Me parece genial salir un poco de Francia, porque todo lo que pasó allí fue extraordinario, pero en cierto modo podíamos imaginarlo. Todo lo que ocurre fuera es algo que ni siquiera había pensado, así que todo es nuevo y también bastante interesante. Además, te obliga a repensar la película, porque te encuentras teniendo que hablar de ella, sobre todo ante un público extranjero, y eso implica reformular las cosas.
Podemos decir que, de algún modo, la película nos muestra el regreso a casa cuando ese entorno ya no forma parte de nuestra vida. A menudo hay que justificar que sigue existiendo un amor por eso, aunque ya no sea nuestro día a día y a veces podemos llegar a vivirlo casi como una tradición. Tal vez deberíamos entender que forma parte de la propia evolución, pero ¿cómo lo vive la protagonista en ese sentido dentro de la película?
A.B: Lo gestiona con dificultad. Tengo la sensación de que llega a un momento en el que tiene que reconciliarse precisamente con eso. En realidad, lo fácil podría ser dejar el pasado de lado y empezar algo nuevo, pero su proceso consiste en aceptar que ambas cosas existen: sí, se fue y ha construido su propio camino, pero ese sigue siendo su origen. Así que la cuestión para ella es cómo hacer que esas dos partes coexistan y cómo encontrar un camino con ambas. Ese es el viaje que emprende.

A menudo decimos “elegir mi vida”, como en el título de la película, y da la sensación de que es como si uno mismo eligiera su propia vida y al final, tal vez no deberíamos “elegir”, porque todo forma parte de nuestra vida, y a veces hay que justificar ciertas decisiones que deberían entenderse como parte de la evolución personal.
A.B: Ah, no, tengo la sensación de que cada uno vive la misma situación desde su propia percepción. No es realmente un chantaje emocional. Siento que el padre se siente abandonado por su hija, mientras que la hija intenta encontrar su lugar en la vida. Cada uno se enfrenta a su situación, pero creo que ambas percepciones son comprensibles. Ninguno busca chantajear al otro; simplemente depende del lugar en el que se encuentra cada uno, y cada quien hace lo que puede desde ahí. Es el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo, pero no se trata de un chantaje ni de un momento de confrontación; se trata de buscar un camino para lograr un entendimiento mutuo.
¿Cuál es el gran miedo de Cécile? ¿Y cuál es el miedo que quizá es más universal y que comparten todos los personajes de esta película?
A.B: A no construir una vida que corresponda a nuestras expectativas. Tengo la sensación de que ese es el miedo de todo el mundo. Y cada uno tiene expectativas diferentes, pero ¿cómo lograr construirse la vida que realmente queremos vivir? Esa es la gran cuestión. En esencia, es el miedo de no tener la vida que queremos tener.

¿La música en esta historia también nos ayuda a que los dramas o las situaciones más intensas ocurran quizá de una manera más ligera y lleguen mejor al espectador?
A.B: Creo que no lo pensamos como un objetivo al escribir la película. Pero así es como utilizo la música en la vida. Es decir, la música me ayuda a atravesar los momentos difíciles. Y entonces eso se tradujo, creo, en la escritura de la película. Es cierto que, al final, aporta ligereza, pero no nos planteamos la cuestión en esos términos, surgió de forma muy natural.
¿Podemos decir que la película también nos habla de la importancia de saber soltar, de dejar ir, y también de detenerse, porque no pasa nada por parar una semana?
A.B: En cualquier caso, estoy de acuerdo en que estamos atrapados, es también la sociedad capitalista. Vivimos en una especie de carrera desenfrenada hacia la eficacia y la rapidez, donde no hay tiempo para detenerse ni un segundo. Muy a menudo nos damos cuenta de que, cuando hacemos una pausa, está bien e incluso es necesario, pero lo cierto es que nada nos anima a hacerlo.
Y para terminar, ¿A qué huele y suena esta película?
A.B: El olor es el de la cocina de las madres y las abuelas, a eso huele esta película. Respecto al sonido, es muy interesante, en realidad hay mucha música en la película, pero el sonido real de la historia, tengo la sensación, de que son los sonidos de la infancia, la tórtola por la mañana, los camiones que pasan sin pausa y a los que uno se acostumbra, la máquina de café… Más bien, los ruidos de la vida cotidiana, los pequeños sonidos que acompañan nuestra rutina.




