Granada tenía cita marcada en rojo. A las 20:30 en punto, las luces del Palacio de los Deportes se apagaron y un rugido colectivo anticipó lo que estaba por venir: la parada granadina de la gira Aullidos. Desde el primer acorde quedó claro que no iba a ser una noche cualquiera.
Un arranque a contraluz… y a lo grande
El concierto abrió con “A contraluz”, desatando los primeros saltos en pista y gradas. Sin apenas tregua, enlazaron con “Un buen castigo” y “Por la boca vive el pez”, tres golpes directos que pusieron al público a cantar desde el primer minuto. La comunión era total: miles de voces coreando cada palabra como si fuera un himno propio.
Con “Me equivocaría otra vez” y “Los cuervos se lo pasan bien”, el ambiente se volvió más íntimo pero igual de intenso. Fito, cercano y cómplice, jugaba con el público, dejaba que las estrofas flotaran sobre un mar de gargantas entregadas.
Entre la épica y la electricidad
La noche fue creciendo con “Entre la espada y la pared” y “A quemarropa”, donde la banda demostró su precisión y energía. Los solos de guitarra arrancaron ovaciones y la sección rítmica hizo vibrar literalmente el recinto.
Uno de los momentos más potentes llegó con “El monte de los aullidos”, tema que da nombre a la gira y que se sintió como una declaración de intenciones: intensidad, crudeza y emoción. Le siguieron “Volverá el espanto”, “Cielo hermético” y “Cada vez cadáver”, construyendo un bloque central sólido y vibrante.
Con “Whisky barato”, el Palacio se convirtió en un karaoke gigante. Brazos en alto, saltos coordinados y esa sensación de que la canción pertenece tanto al público como a la banda. “Como un ataúd” y “Acabo de llegar” mantuvieron el pulso antes de que sonara “La casa por el tejado”, otro de esos himnos que nunca fallan.
Una banda que suena a casa
Tras la presentación de la banda —cálida, cercana y celebrada— llegó “Soldadito marinero”, cantada casi íntegramente por el público. Fue uno de esos momentos mágicos donde la música se detiene y solo queda la emoción compartida.
Con “La noche más perfecta”, el título parecía describir exactamente lo que estaba ocurriendo. Y la sorpresa nostálgica llegó con “Entre dos mares”, guiño a Platero y Tú, que desató una ola de recuerdos y saltos.
El cierre, cómo no, fue con “Antes de que cuente diez”, cantada a pleno pulmón, sellando una noche redonda.
Un puente entre ciudades
Pero si hubo un instante especialmente bonito fue el que unió Granada con otras ciudades. En la pantalla apareció un saludo del público de Logroño, arrancando aplausos y sonrisas. Acto seguido, Granada devolvió el gesto grabando un mensaje para Murcia. Fue un detalle sencillo, pero cargado de significado: una gira que no solo conecta canciones, sino personas y lugares.
Un público entregado de principio a fin
Si algo definió la noche fue la entrega absoluta del público. No hubo canción que no fuera cantada, ni momento en el que decayera la energía. Granada bailó, gritó, se emocionó y aulló junto a Fito y los suyos.
La gira Aullidos dejó en el Palacio de los Deportes algo más que un concierto: dejó la sensación de haber vivido una celebración colectiva, de esas que se recuerdan mucho tiempo después de que se apaguen las luces.




