Si algo define a Juanma Bajo Ulloa es su capacidad para explorar los rincones más oscuros del alma humana, y El Mal no es la excepción. Conocido por su estilo inquietante y su mirada intensa, el director se adentra en un thriller psicológico donde la ambición, la curiosidad y el miedo se entrelazan para crear una atmósfera tensa y absorbente.
En esta película, Juanma nos presenta a Elvira, interpretada por Belén Fraga, una periodista ambiciosa, y a Martín, el perturbador personaje de Natalia Tena. El director construye un relato donde la ética, el peligro y la fascinación por lo prohibido se mezclan, llevando al espectador a cuestionarse hasta qué punto estaría dispuesto a cruzar los límites para alcanzar el éxito. Cada escena está cuidadosamente medida: no solo la narrativa, sino también la composición visual, la iluminación y los silencios, son herramientas que Bajo Ulloa maneja con precisión para generar tensión y mantener al público en constante alerta.
En nuestra conversación con él, el director compartió cómo su intención fue trabajar sobre la ambigüedad moral: “Dentro de cada monstruo hay un ser humano y dentro de cada ser humano hay un monstruo”, nos decía, reflejando su obsesión por explorar la dualidad de la condición humana. Su enfoque en la psicología de los personajes y en la construcción de atmósferas complejas hace que El Mal sea más que un thriller: es una experiencia que invita a mirar hacia adentro, a sentir el peso de cada decisión y a cuestionar lo que nos define como seres humanos.
Bajo Ulloa combina ritmo, tensión y sensibilidad, dejando que los personajes respiren y mostrando que incluso en el horror, la humanidad siempre encuentra un espacio para asomarse. En El Mal, su dirección recuerda que el cine no solo sirve para entretener, sino también para explorar lo que nos inquieta y nos fascina, y para dejar al espectador con la sensación de que, después de la oscuridad, siempre queda algo que reflexionar.




