Hay conciertos que empiezan con una canción. Y hay otros que empiezan con una declaración de intenciones. El de Walls en Madrid fue claramente lo segundo.
Las luces apenas habían terminado de apagarse cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de Flores mustias. El público, que llevaba minutos esperando con una energía contenida, estalló en cuanto apareció sobre el escenario. Desde ese momento quedó claro que aquella noche iba a ser un diálogo constante entre artista y público.
“Madrid, quiero que se caiga el techo”, gritó Walls, desatando el primer gran rugido colectivo de la noche.

El concierto continuó con Como una rata, acompañada por un bailarín que aportó un punto escénico distinto al espectáculo. Entre canción y canción, Walls fue dejando momentos de charla con el público, pequeñas confesiones que reforzaban la cercanía que caracteriza sus directos.
Uno de los instantes más emotivos llegó cuando recordó una frase familiar antes de interpretar uno de los temas más intensos del repertorio: “Mi viejo le dijo a mi vieja”.
La noche siguió creciendo hasta llegar a uno de los momentos más especiales del concierto. Tras 9472, el escenario cambió de dimensión con la aparición de una orquesta y un coro —Las Ocho Chavas— que envolvieron el directo con una atmósfera distinta, más solemne, más emocional.
En medio de ese ambiente, Walls sorprendió al público con una confesión que arrancó risas y aplausos:
“Yo por amor haría cualquier cosa. Igual que coger ese piano de cola que nunca he tocado en mi vida… y la primera vez hacerlo delante de 12.000 personas”.
Y allí, frente a un Movistar Arena completamente entregado, se sentó al piano para regalar uno de los momentos más íntimos del concierto.
El amor fue otro de los hilos conductores de la noche. Antes de una de las canciones más coreadas, Walls se dirigió a Madrid:
“Nunca voy a encontrar la manera de definir el amor, pero hice esta canción para que la cantéis conmigo. Porque el amor no hay que definirlo, el amor se vive… Madrid, y lo vais a vivir ahora”.
El repertorio estuvo marcado por una fuerte presencia de su nuevo trabajo «El día que me olvides», que interpretó prácticamente al completo. De su disco Luna 18 sonaron Nápoles, A mí lao, La sole, Paralelas, Perro callejero, 9472 y Haz lo que quieras conmigo. Todas fueron recibidas con entusiasmo por un público que parecía saberse cada verso.

Pero el concierto también miró hacia atrás. Canciones como Si me muero, Los niños del parque, En paz, Mírame, Me encantas, Reventar la ciudad y Mi mejor versión completaron una noche que fue creciendo en intensidad hasta llegar a su momento más sincero.
Antes del tramo final, Walls se detuvo. El escenario se quedó en silencio mientras miraba al público y trataba de encontrar las palabras.
Contó entonces que esa misma mañana su madre había ido a verle para desearle suerte.
“Yo, como niñato que soy, la he despachado rápido porque lo único que estaba haciendo era pensar en mi movida”, confesó. “Pero ella me ha dicho: disfruta como estamos disfrutando nosotros”.
Aquella frase se le había quedado dando vueltas en la cabeza todo el día.
“Hoy me doy cuenta de lo afortunado que soy de tener a gente que se alegra por lo que me sale bien. De tener a gente que, de manera totalmente altruista y sin tener nada a cambio, disfruta”.
Miró entonces a las gradas llenas del Movistar Arena y continuó:
“Mis amigos han traído aquí a su familia, mis amigos han traído a sus amigos… y hemos llenado este sitio. Algo que hace tiempo parecía impensable. Porque esto no nos tocaba a nosotros. Nosotros somos unos chavales de Murcia que no tendríamos que estar subidos aquí”.
El público respondió con un aplauso largo.
“Pero hemos remado, remado y remado. Y si todo esto ha cogido algún tipo de sentido es gracias a vosotros, familia”.
Antes de cerrar ese momento, dejó una última reflexión:
“Este disco lo hice pensando en si algún día pudiera morir. Y os voy a decir una cosa: me podría morir aquí arriba, en este escenario, y sería el hombre más feliz del mundo”.
Entonces llegó Mi nena. Y todo estalló.
Porque después de una noche así, lo único que quedaba por hacer era cantar. Y Madrid cantó.





