Hace un año, en Tenerife, presencié por primera vez la magia de “Me Prometo” en directo. Fui consciente de la importancia de su música. De su verdad. Me encontré con la inocencia desde los ojos de los niños que lo admiran, y con la sonrisa del niño que aún es Antoñito Molina.
12 meses después converso con él en una terraza con unas vistas maravillosas de la ciudad que recoge todos los sueños posibles, Madrid. Presenta “Imparable”, su ultima canción y una de las más alegres de su repertorio: “Es una canción con mucha alma de celebrar”. Es la puntita del iceberg de todo lo nuevo que está preparando en su nuevo disco. Un disco que dice: “Tendrá la esencia del Antoñito de siempre pero más maduro”.
Cuando hablamos de su público, Antoñito me dice que observa mucho cariño y mucha fidelidad: “Soy producto de lo que pasa en el directo, esa energía que recibo se queda dentro de mi escondida cuando cojo la guitarra”. Si algo me llama la atención en sus conciertos es la inocencia de los más pequeños. Siempre una sonrisa, siempre una cara de ilusión. A él aún le cuesta creérselo: “Es algo inexplicable y muy bonito, intento siempre abrazarlos y que se vayan con una buena sensación de haberme conocido”.
Veo a Antoñito encima del escenario y observo los niños que lo acompañan debajo. En cierto modo les encuentro parecido. Cuando le pregunto por sus sueños de niño me dice riéndose: “De pequeño solo soñaba con ser feliz, cuando llegó la música quería que la gente me escuchara, pero nunca pensé vivir esto”.Charlamos sobre la importancia de mantenerse fiel a uno mismo, sobre sus orígenes, su grupo de amigos y sus profesores, que siempre supieron que llegaría lejos. La familia, su mejor aliado y su motor más importante. Y, por encima de todo, el amor.
A veces, es triste y cuesta cerrar etapas, y “Me Prometo” va llegando a su fin. Él me dice que no quiere que ase mucho tiempo entre el fin y el principio de algo nuevo, porque siente que pierde esa chispa. ¿Que es entonces el éxito para él?: “Ser feliz, cumpliendo objetivos poco apoco y sin ansiedades”.
Como dije al comienzo, descubrí el poder de su música hace un año. Un rato antes de verlo sobre el escenario la realidad me golpeó. Hay veces que la vida se comporta de tal manera que cuesta entender su mensaje. Pero yo empece a comprenderla cuando lo vi abrazar a una niña que lloraba de la emoción. El auditorio estaba abarrotado de gente. Para aquella niña probablemente solo existiera él.




