Celtas Cortos y la extraña hazaña de cumplir 40 años sin convertirse en un recuerdo

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Tres días después del concierto de Celtas Cortos en el Movistar Arena, lo que permanece no es solo la imagen de un pabellón lleno ni la sucesión de colaboraciones ilustres. Permanece algo más incómodo y menos frecuente: la constatación de que una banda con cuatro décadas de historia puede seguir convocando a miles de personas sin convertirse en un ejercicio de nostalgia congelada.

El pasado sábado, Madrid asistió al arranque de 40 años contando cuentos, la gira aniversario con la que el grupo vallisoletano ha decidido celebrar —que no conmemorar— su trayectoria. No fue un homenaje al pasado entendido como museo, sino un gesto de presente: dos horas largas de música que funcionaron como un hilo continuo entre generaciones, relatos y formas de estar en el mundo que no han perdido vigencia.

Más de 10.000 personas llenaron el recinto en una noche que no buscó el efectismo fácil, pese a contar con invitados de peso como Dani Martín, Rulo, Andrés Suárez, Moha (Mägo de Oz), Jorge Salán o el grupo Irish Treble. Las colaboraciones no operaron como reclamo, sino como extensión natural de un repertorio que ha sabido integrarse en la memoria colectiva sin perder músculo escénico. Cuando La senda del tiempo sonó acompañada por Dani Martín, o Retales de una vida se abrió a la voz de Rulo, no hubo sensación de acontecimiento impostado: eran canciones que ya pertenecen a muchos, y por eso admiten ser compartidas.

Celtas Cortos: el arranque de la gira 40 años contando cuentos en Madrid

El momento más revelador llegó con 20 de abril, interpretada junto a Dani Martín, Rulo y Andrés Suárez. Podría haber sido un cierre sentimental, pero funcionó como espejo: un tema escrito hace más de tres décadas seguía articulando emociones contemporáneas sin necesidad de ser revisado ni subrayado.

Celtas Cortos concierto 40 aniversario - Imagen: Josune Ordoñez

El concierto recorrió 24 canciones que dibujaron con precisión esa trayectoria sin convertirla en una sucesión cronológica. El emigrante, No nos podrán parar, Haz turismo, Cuéntame un cuento o El túnel de las delicias convivieron con piezas menos frecuentes como Si no me veo no me creo o El ritmo del mar, recuperadas sin subrayado nostálgico. Las instrumentales Pelotazo y Correcaminos, reforzadas por la presencia de Irish Treble y Moha, recordaron el pulso folk que siempre ha atravesado a la banda.

Sobre el escenario, la formación desplegada para esta gira refuerza esa idea de continuidad viva. Al regreso de Carlos Soto, miembro fundador, se suma una banda sólida y experimentada que evita cualquier gesto de solemnidad excesiva. No hubo grandes discursos ni necesidad de explicarse: el agradecimiento al público estuvo implícito en la forma de tocar.

Quizá por eso el arranque de la gira en Madrid funciona, visto con perspectiva, como algo más que una fecha inaugural. En un contexto musical dominado por lo inmediato, Celtas Cortos demostraron que la permanencia no es una cuestión de resistencia, sino de coherencia.

La gira continuará en Valencia, Gijón, Zaragoza, Pamplona, Barcelona, Murcia, A Coruña y Valladolid, con nuevas colaboraciones por desvelar. Lo ocurrido en Madrid deja una certeza: no se trata de un tour de despedida. Es, más bien, la confirmación de que hay bandas que no necesitan reinventarse cada cinco años para seguir siendo relevantes.


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