Hablando con Sergio Peris-Mencheta sobre su nueva obra, “Constelaciones” , me doy cuenta de la infinitud de posibilidades que tiene un teatro vacío. Y de la vida cuando sonríe con ganas.
Sergio me habla del teatro como quien habla de su hogar. Y me habla de las posibilidades del universo como quien las ha vivido todas, sabiendo que eso es imposible. Él nos cuenta la disposición del escenario y del trabajo de los actores, que esa misma tarde llegarían al Valle-Inclán sin saber que papel les tocará hacer.
En física cuántica, así como en el teatro, las cosas no existen hasta que alguien las observa. 120 posibilidades combinando actores y bandas sonoras. Un homenaje al observador. En este caso no, el espectador no vivirá dos noches la misma obra, pues aunque salgan los mismos nombres que la noche anterior, deberán alternarse.
Decía Heráclito que un hombre no se puede bañar dos veces en el mismo río, porque la segunda vez ni el hombre es el mismo hombre ni el rio es el mismo rio. En este caso, para Sergio, el rio es el espectador, que cambia todo el tiempo. En esta obra, el elenco se modifica cada día, la banda sonora también. Por lo que será imposible ver dos veces la misma obra, así vayan dos o tres días seguidos a disfrutarla.
Esto, me dice Sergio, es el paradigma del teatro: “el teatro se re-presenta cada día, no se re-produce”. Como incluso la banda sonora puede cambiar el sentido de una historia, su percepción. Para él nunca ha sido igual cuando ensayaban con la banda sonora del baby shower que con la banda sonora del fin de año, por ejemplo. Además, dice, nunca han ensayado la obra sin música. Los arreglos, las melodías, todo lo que engloba la banda sonora siempre ha sido durante los ensayos, nunca después ni siendo un añadido.
¿Qué papel juega la música en esta obra? Casi fundacional, dice Sergio. La banda sonora, la música, engloba toda la historia. Todos hemos tenido un tema especial con una pareja, un momento donde solo la música importaba. Donde las palabras dejaban de existir porque había algo más fuerte que nos dejaba volar. Sergio ha querido transmitir eso en “Constelaciones”, y su parte más sentimental está plasmada en los 90 minutos que dura la obra.




