Manuela Calle y Zoe Bonafonte: «Queríamos hacer justicia a estas mujeres»

No te pierdas...

Marta Juanola
Marta Juanola
CEO, redactora y fotógrafa. Entre Barcelona y Madrid hablo y escucho con lacajadmusica, escribo historias y congelo recuerdos con mi cámara.

Manuela Calle y Zoe Bonafonte protagonizan Ruega por nosotras, la nueva película de Daniel Monzón que ya podemos ver en los cines y que recupera una parte de nuestra historia que sigue, en gran parte, silenciada: El Patronato de Protección a la Mujer. Hablamos con ellas sobre lo que ha supuesto acercarse a esta realidad, descubrir una historia que ni siquiera conocían sus propias familias y asumir la responsabilidad de dar vida a unas mujeres cuyas historias merecen ser contadas.

Las actrices reconocieron que ninguna de las dos conocía la existencia del Patronato. Tampoco sus familias. «Ninguna de las dos conocíamos el Patronato y nuestras familias tampoco», nos contaron. Un desconocimiento que pone de manifiesto hasta qué punto esta historia sigue impregnada de ese silencio tan característico y desolador de nuestra propia memoria histórica. Como muchos otros silencios. Como muchas otras atrocidades que se cometieron y que siguen impunes. Por eso, en algunos lugares nos acecha una nostalgia mal entendida.

«Gran parte de la sociedad no conoce esta parte de la historia, y por esto es tan importante que se haga una película sobre esto ahora», señalaron. Para ellas, formar parte de Ruega por nosotras también ha supuesto una responsabilidad especial, la de acercarse a las experiencias de aquellas mujeres con respeto, cuidado y mucho cariño. Una responsabilidad que, como explicaron, despertó en ellas el deseo de estar a la altura de sus historias y de hacer justicia a quienes las vivieron. También reconocieron el miedo a no ser capaces de interpretarlas fielmente.

Uno de los aspectos más duros de esta realidad era la manera en la que estos centros intentaban romper los vínculos entre las jóvenes. No se trataba únicamente de controlar sus vidas y sus comportamientos, sino también de aislarlas, alejarlas unas de otras y destruir cualquier posibilidad de apoyo mutuo. «Esos centros funcionaban gracias a separar, castigar las amistades y premiar la traición», explicaron.

Y es precisamente ahí donde aparece una de las ideas más importantes de la película, el poder de lo colectivo. Frente a un sistema que buscaba dejar a estas mujeres solas, abatidas y sin nadie en quien apoyarse, la amistad y la unión entre ellas podía convertirse en una forma de resistencia. Porque cuando se intenta romper a una persona, contar con otras que te acompañen, te escuchen y te sostengan puede marcar la diferencia.

Esta idea también nos lleva a mirar al presente. La fuerza colectiva sigue siendo fundamental y, me atrevería a decir, que las mujeres lo hemos tenido que ir aprendiendo a base de golpes y silencios. Porque los silencios siguen estando ahí, muchas veces más cerca de lo que pensamos, y precisamente por eso no podemos olvidarlos, asumirlos como algo normal ni dejar que determinadas historias vuelvan a quedar enterradas.

Es curioso, además, cómo la propia película juega en muchos momentos con el silencio, con aquello que no se dice, con lo que se contiene, con el susurro, mientras por otro lado trata de romper ese silencio que ha rodeado durante demasiado tiempo a esas mujeres. Quizá por eso resulta tan importante recordar que escuchar, acompañar y no dejar solas a quienes más lo necesitan también es una forma de resistencia.

- Entrevistas -spot_img

Puede que te interese...

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su nombre aquí
Por favor ingrese su comentario!

- LCDM TV -spot_img

Última hora