Poco antes de comenzar su concierto en el Teatro Eslava de la mano de LOS40 Básico, Morat nos concedió una pequeña entrevista en la que hablamos de su gira y de ese momento en el que, casi sin darse cuenta, todo cambió para ellos.
La banda colombiana lleva prácticamente todo el mes de octubre recorriendo España y colgando el cartel de sold out en las cinco ciudades por las que ha pasado: Barcelona (16 y 17 de octubre), Pamplona (21 de octubre), Valencia (23 de octubre), Sevilla (25 de octubre) y Madrid (27, 28, 30 y 31 de octubre).
Durante nuestra conversación, los integrantes de Morat nos comentaban, entre sonrisas, que España siempre ha sido su segunda casa y que se sienten recibidos con muchísimo cariño y amor. Un vínculo que, después de tantos años y tantos conciertos, sigue muy presente.

Pasar de actuar ante 14.000 personas en el Movistar Arena a hacerlo frente a las aproximadamente 400 personas que caben en el Teatro Eslava supone una emoción única. Una experiencia diferente, que también despierta ciertos nervios, aunque perfectamente manejables. Los recintos pequeños permiten algo que los grandes escenarios no siempre hacen posible: mirar directamente a los ojos a quienes tienes delante. Observar a los fans, encontrarse entre ellos sobre el escenario y sentir cómo la música, en espacios más íntimos, parece vivirse el doble. Hay algo en esa cercanía que deja las emociones mucho más a flor de piel.
Cuando la vida te cambia de la manera en que lo ha hecho para Morat, no siempre resulta fácil identificar el instante exacto en el que todo dio un giro. A veces no existe un único momento, sino una sucesión de pequeños acontecimientos que te hacen darte cuenta de que algo está pasando. De que la música está llegando cada vez más lejos. De que unas canciones, unos acordes y unas letras pueden terminar formando parte de la vida de miles de personas.
Poco después, el Teatro Eslava se convirtió en el escenario de una conversación muy distinta. Presentada por Tony Aguilar, la banda colombiana salió al escenario para charlar con él sobre su pasado, su presente y su futuro. Tony recordó que Morat ya había protagonizado su primer LOS40 Básico en 2018.

Recordamos la primera colaboración de Morat llegó de la mano de Paulina Rubio con «Mi nuevo vicio», una canción que los catapultó a miles de radios y programas de televisión, convirtiéndolos poco a poco en una banda cada vez más conocida. Tras conversar con Tony Aguilar, Juan Pablo Isaza, Juan Pablo Villamil, Simón Vargas y Martín Vargas se retiraron para prepararse antes de dar comienzo al showcase.
El pistoletazo de salida llegó con «Me toca a mí», canción de su último álbum, Ya es mañana, en la que colaboran con Camilo. Una canción que encierra miles de historias en una sola: la del amigo al que le toca observar de cerca cómo la persona de la que está enamorado acaba enamorándose de alguien más. Alguien que, sin poder hacer nada, se limita a observar y sonreír mientras intenta disimular un corazón roto.
«Eclipse solar» fue otro de los temas que formaron parte de su último trabajo. Una canción que habla, sin duda, de aquello que es efímero; de lo breve y, a la vez, de lo que permanece para siempre. Acompañada de piano y guitarra, fue uno de los momentos más íntimos y sinceros de la noche.

Hay algo que siempre me llama especialmente la atención de Morat: independientemente del recinto en el que actúen, su sonido en directo mantiene una fidelidad asombrosa al de sus grabaciones de estudio. Puede que haya quien piense que detrás existe una gran producción vocal, multitud de retoques o artificios técnicos. Pero no es eso lo que define a la banda. Sus voces, sus instrumentos y el conjunto de sus músicos son, sencillamente, lo que llamaríamos música. Sin más. Así de complejo y así de sencillo al mismo tiempo. Algo que, por desgracia, parece estar cada vez más en peligro de extinción.
A mi lado tenía a una chica de 16 años que los veía por segunda vez. Era increíble observar en sus ojos una emoción capaz de contener toda una vida. Las ganas de bailar, de cantar y de vivir la música de una forma única y, al mismo tiempo, colectiva. Entre el público había muchas fans vestidas con traje y corbata, en referencia a su última gira; otras tantas lucían banderas de Colombia, mientras algunas sostenían pancartas en las que pedían canciones o reclamaban algo tan simbólico como unas púas.
«Segundos platos», de Si ayer fuera hoy; «Besos en guerra» y «Cómo te atreves» fueron algunos de los temas que más se hicieron sentir durante la noche. Escuchar a cerca de 300 personas cantar al unísono «A dónde vamos» fue algo prácticamente mágico.
A veces, es precisamente en los recintos pequeños donde se aprecia de verdad lo que significa hacer música y ser música. En la reacción del público, en las miradas, en las voces que acompañan cada canción y también en la respuesta de los propios artistas sobre el escenario.
Hay tanta vida en sus canciones, tantas historias que reconocer y tantas emociones todavía por descubrir, que resulta casi imposible atravesar un concierto de Morat sin que algo te remueva por dentro.




