Anoche Lucia Gil nos brindó un concierto muy especial en la Sala But de Madrid. La tituló “La noche que volvimos”. Y no pudo estar más acertada. Anoche vi muchas caras de emoción, de alegría, de ganas de volver a un lugar de donde, realmente, nunca nos fuimos. Todos volvimos a ser niñas y niños. La Sala But, anoche, se convirtió en una máquina del tiempo.
Comenzó el concierto con un vídeo recopilación de todo lo vivido hasta ahora. Desde sus inicios con apenas 9 años hasta la actualidad, con 28. De grabarse en el salón de su casa, a pasar por el concurso de Disney Channel My Camp Rock y ganarlo. Cumplió el sueño de muchos: dibujar aquellas orejas de Mickey en la pantalla de Disney con una varita. Años después vendrían La Gira y a Yo Quisiera. Entre medias sacando Más allá del país de las princesas su primer álbum, creciendo juntos, siempre. Canciones como “He Could Be The One”, de Hanna Montana, “Voy a subir”, de La Gira o “Two Stars”, de Camp Rock fueron las primeras que empezaron a sonar en aquella sala.
Entre canciones y recuerdos, Lucía nunca dejó de mencionar de donde venía y quien la acompañaba. Ella decía que se consideraba una persona con mucha mucha suerte. Yo hoy, rompiendo la barrera de la objetividad periodística, te digo a ti Lucía, que la suerte la tenemos los que te escuchamos. Por ser un referente para una generación que creció en un limbo entre lo analógico y lo digital. Una generación que creció buscando referentes con los que identificarse, y entre ellos estabas tú. Una generación que creció de tu mano porque supiste acompañarnos y guiarnos. Una generación que hoy es joven-adulta y que no habría crecido exactamente igual sin ti.
Otra mujer que pertenece a esta generación de la que hablaba, es Natalia Gil, que subió al escenario a cantar con su hermana Lo Que es Nuestro, un canto a la libertad de la mujer que se hizo eco en aquel 8 de marzo de 2019. Queda mucho por andar, y a esta sociedad le queda mucho por aprender sobre la fuerza de la mujer, pero esta claro que, mientras sigamos luchando, hay un rayo de esperanza en medio de toda la oscuridad.
The Climb fue una canción que marcó en su momento a mucha gente. Lucia comentaba que no sabía si iba a poder cantarla sin emocionarse, porque es una canción que realmente siente. Y es importante mencionar que, muchas veces cuesta “la subida”. Cuesta seguir. Cuesta empujar hacia delante. Parece que faltan los motivos. Muchos nos hemos sentido realmente agotados. Hasta que ves un rayito de luz. De la manera que sea. De la forma más inesperada. Y encuentras el camino para volver a casa. Aunque te puedas perder. Siempre va a merecer la pena.
Una de las sorpresas de la noche fue el estreno en primicia de su próximo single La Vida Rosa, una canción que habla sobre todas esas veces en las que la vida nos bombardea con sobreinformación y nos cuesta sentirnos suficientes. Por las veces que nos miramos al espejo deseando ser otras personas, preguntándonos qué nos falta. Por qué otros lo consiguen y nosotros no. Creo que estamos de acuerdo con Lucía: no queremos que nos vendan una vida rosa, si para alcanzarla hay que pagar un precio demasiado doloroso.

Todo el concierto estuvo lleno de emoción absoluta. Gritar las canciones que bailábamos de niños en nuestro cuarto ha sido una bendita suerte. Canciones de Camp Rock, de La Gira y de Yo Quisiera no podían faltar, trayéndonos de vuelta el pasado y su nostalgia. Una de las invitadas sorpresa para cantar con ella A girar iba a ser la maravillosa Paula Dalli, pero por motivos de salud no pudo acudir. Sin embargo, el cariño y los deseos de pronta recuperación no faltaron. Cuando parecía que todo había acabado, Lucia volvió al escenario con un cambio de look lleno de brillo (además del suyo propio). Y es que This Is Me no podía faltar, y para ello Lucía contó con un magnífico Joe Jonas que supo estar a la altura de una noche tan emocionante como esta: Roi Mendez.
Cuento con los dedos de mi mano los conciertos en los que realmente quería parar el tiempo. Este fue uno de ellos. No me alcanzan las palabras para decirte: Gracias, Lucía. A veces la vida corre tan deprisa que se nos olvida que una vez también corríamos nosotros. Y saltábamos. Y cantábamos canciones que nos acompañaron durante años. Sin prejuicios. Sin mirar al otro. Compartiendo la música y tardes de sábado en el sofá. Anoche pasó exactamente lo mismo. Abrazar al niño que fuimos con fuerza es casi tan importante como cuidar al adulto que somos hoy en día. E indirectamente son cosas que van de la mano.
Su calidad vocal es indiscutible y estamos seguros de que va a seguir creciendo y brillando todo lo que la vida le permita, porque es de esas personas que ha nacido para estar sobre un escenario.
La música siempre es bonita cuando sabes cómo tratarla. Lucía ha cuidado cada detalle, y no hablo solo de esta noche mágica. Hablo de todos los años que han pasado, de todo lo que ha construido y de cómo su música sigue intacta frente al tiempo que se empeña en correr. Hablo de todas esas veces en las que la verdadera música ha sobrevivido gracias a noches como esta. Cuidar lo que queremos siempre va a ser la forma más importante de demostrar el amor.
Gracias por permitirnos volar contigo, con tu música y con el recuerdo de los niños y niñas que fuimos. Porque ellos siguen ahí, con nosotros, y noches como esta nos recuerdan que nunca está de más volver a encontrarlos.




