Manuel Carrasco despide el año por todo lo alto en Madrid

No te pierdas...

El Starlite de Madrid no fue solo el lugar del concierto, fue parte del espectáculo. Desde mucho antes de que Manuel Carrasco pisara el escenario, el público ya había decidido que aquella noche se iba a cantar todo. Y así fue. Cuando sonó El grito del niño, miles de voces se unieron como una sola, marcando el ritmo de un concierto que no dio respiro desde el primer minuto.

Sin pausa, Pueblo Salvaje levantó a todo el recinto de sus asientos y dejó claro que aquella noche no iba a haber tregua. Hay que vivir el momento confirmó lo evidente: si alguien seguía sentado, eran sus últimos segundos de descanso.

El viaje continuó con Corazón y flecha y Siendo uno mismo, aunque en esta última el sonido decidió desaparecer por un instante. Lejos de romper la magia, el fallo técnico regaló uno de esos momentos irrepetibles: Manuel, solo con su voz y la batería, acompañado de voces de personas completamente entregadas.

Teníamos muchas ganas de llegar y cantar. Estamos acabando ya el año y, la verdad, el sorteo no me ha tocado hoy, pero de alguna forma hoy sí me ha tocado la lotería”, confesó emocionado.
Y añadió: “Madrid, el año se acaba y tenemos que celebrarlo por todo lo alto. Por las cosas malas que se quedan en el pasado y por las buenas que van llegando. Va por ustedes, muchísimas gracias”.

El escenario se transformó entonces en un auténtico tablao flamenco. Dos guitarras, un bajo, un cajón y los coros rodearon a Manuel para interpretar X y Salitre al más puro estilo andaluz, recordando sus raíces y demostrando que la esencia sigue intacta, por mucho que crezcan los escenarios.

Bajo un Starlite iluminado por las estrellas improvisadas de miles de flashes, comenzaron a sonar los primeros acordes de No dejes de soñar. La emoción fue colectiva; el deseo, compartido: que la canción no se acabara nunca.

Las sorpresas continuaron con la aparición del coro Gospel Power Singers, que se unió a Manuel para interpretar Que nadie, elevando el momento a algo casi espiritual. Poco después, el escenario quedó vacío. Solo Manuel y su guitarra. Un instante íntimo, cercano, como si todos estuviéramos sentados en el salón de su casa escuchando Fue y Soy afortunado.

La energía volvió a estallar con Ya no, Tambores de guerra, Yo quiero vivir, cantada entre el público, y Hasta por la mañana, justo antes de una celebrada Bésame salvaje cam que recorrió las primeras filas.

Con piano y voz, Manuel detuvo el tiempo con Me dijeron de pequeño y Ahora. Antes de interpretarla, explicó:
Esta canción es muy especial. Por todas las historias que hay detrás. Empezó como canción, pero se ha convertido en lo que apoya a todas esas mujeres que están peleando y luchando día a día. Se la quiero dedicar a todas las mujeres de las mil batallas”.
El silencio respetuoso y los aplausos largos confirmaron que no era una canción más.

Eres, Prohibida y La reina del baile dieron paso al tramo final. El concierto se cerró por todo lo alto con Qué bonito es querer, Tan solo tú y Tengo el poder, tras la presentación de la banda. Pero Madrid no estaba dispuesta a despedirse tan fácilmente. El público pidió otra, y otra más, con tanta euforia que Manuel tuvo que improvisar y volver a cantar, dejándose llevar por un coro masivo de sus fans que no quería que la noche terminara.

Porque hay conciertos que se disfrutan. Y otros, como este, que se celebran.

- Entrevistas -spot_img

Puede que te interese...

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su nombre aquí
Por favor ingrese su comentario!

- LCDM TV -spot_img

Última hora